La popularidad de Bali es innegable, pero la profunda belleza espiritual de la isla permanece intacta si se sabe dónde buscar. Más allá de los concurridos clubes de playa de Canggu, existen terrazas de arroz envueltas en bruma en Sidemen, templos de agua privados en los barrancos selváticos de Ubud y santuarios dramáticos al borde del acantilado en Uluwatu.
El secreto reside en dividir su estancia. Conéctese con los ritmos culturales y naturales del interior durante unos días y, posteriormente, trasládese a la costa para disfrutar de las brisas del Océano Índico. Seleccionamos propiedades que ofrecen una hospitalidad balinesa genuina, una integración profunda con su entorno y un refugio lejos de las multitudes.